Categoría: Judicial
Oficiales PNC vinculados a asesinato de informante DEA
Al menos dos oficiales de la Policía son actores claves en el homicidio de Edwin Argueta Contreras, “el Porras”. Varios informes, así como fuentes del caso y registros telefónicos, señalan la participación de policías en este “crimen narco”.
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Entrega Especial: Caso El Porras
El asesinato del informante clave en las investigaciones contra el consorcio de Los Perrones está cerca de resolverse, según las investigaciones a cargo de la Fiscalía General de la República (FGR) y de la Inspectoría General de la Policía Nacional Civil (PNC), que corroboran las indagaciones sobre nexos de dos oficiales de la PNC con el homicidio de Edwin Reynaldo Argueta Contreras, “el Porras”, el 28 de agosto de 2009 en el interior de una barra show de San Salvador.
Las vinculaciones son graves, según determinan informes en poder de LA PRENSA GRÁFICA, ya que los dos oficiales involucrados serían incluso los jefes operativos del asesinato de Argueta Contreras, quien murió a causa de golpes y lesiones de cuchillo en la cara y en el cuello. Las investigaciones en curso señalan a un oficial policial de Soyapango y a otro oficial de la División Antinarcóticos (DAN).
La causa para que dos oficiales hayan participado en el homicidio del narcotraficante e informante son dos, según fuentes que pidieron omitir su identidad: o se trata de policías sicarios de Los Perrones o se vengaron porque fueron delatados por “el Porras”.
El contenido de los informes en los que se sustenta la investigación fue contrastado con fuentes del caso. El cruce de información resultó positivo. De parte de la FGR, el jefe fiscal de la unidad antihomicidios, Óscar Torres, aseguró que dentro de la investigación en el caso del asesinato de “el Porras” ya se cuenta con “bitácoras de llamadas telefónicas” entre el número del teléfono celular del informante de la DEA con los de otras personas los días previos y la misma fecha de su asesinato, lo que está sirviendo para determinar vínculos de más participantes en el homicidio.
Torres, en esta investigación, no descarta que el asesinato del informante haya sido dirigido por “agentes de seguridad privada o policías”. “Cuando vemos el tipo de lesiones que presenta Argueta, son lesiones en lugares donde hay órganos vitales, y que obviamente cualquiera de ellas lo pudo llevar a la muerte de manera directa. Cuando nos encontramos ante una evidencia de tal naturaleza, es perceptible que efectivamente estamos ante la presencia de personas que conocen anatómicamente dónde causar una lesión para no dejar posibilidades de supervivencia de una persona”, dijo el jefe fiscal cuando fue consultado sobre este caso. “No descartamos dentro de la investigación que puedan estar vinculadas personas dentro de la Policía”, aseveró Torres.
Por su parte, la inspectora general de la PNC, Zaira Navas, confirmó que una denuncia sobre este mismo caso ya “está en trámite”. Sin embargo, Navas se negó a dar los nombres de los oficiales investigados bajo el argumento de que “eso está prohibido por la ley”. “Tengo una disposición expresa que me prohíbe decir a quiénes les he abierto una investigación. Lo que sí puedo decir es que hemos tramitado una denuncia dentro de la institución” sobre este caso, dijo Navas.
Torres aseguró que en el relato de los hechos, reconstruido en declaraciones de testigos así como en recolección de evidencias, hay dos personas claves en el homicidio de Argueta Contreras. Estas dos personas ya fueron identificadas, según las fuentes con reserva de identidad. Estas confirman que son dos oficiales de la PNC. Incluso se sospecha fuertemente que estos dos oficiales trabajaron con “el Porras” en delitos de narcotráfico. Sin embargo, las autoridades aseguran que no pueden publicar sus nombres aún.
Estos dos sujetos son los que se reunieron con el informante el viernes 28 de agosto de 2009, pasado el mediodía, en un restaurante sobre la carretera de Oro, en las proximidades del desvío a Nejapa. Esas mismas personas son quienes llevaron a “el Porras” y a cuatro de sus amigos a la barra show Caprichos, antes del anochecer. De ese negocio, el informante salió sin vida.
Buscado por todos
Edwin Reynaldo Argueta Contreras, según las fuentes consultadas, era buscado por los buenos y por los malos. Por los buenos, por ser un presunto narcotraficante que tenía para sí a agentes de la PNC que le daban seguridad personal en Santiago de María, Usulután, de donde él provenía y en donde tenía varias propiedades y vehículos de lujo, así como por las sospechas de que era un coyote que llevaba a personas a Estados Unidos. Incluso en ese país estuvo procesado por otros ilícitos, según la información proporcionada por fuentes dentro de la investigación contra “el Porras” por el delito de tráfico de drogas.
Por los malos, por ser el narcotraficante que hacía tumbes de droga a otros narcotraficantes en el oriente del país. Una especie de ladrón que roba a ladrón. Esa fama dentro del mundo criminal provocó que a “el Porras”, antes de que fuera mencionado en los medios de comunicación y en tribunales, antes de su muerte, los malos le pusieran precio a su cabeza: $25,000.
Según las investigaciones iniciales contra Argueta Contreras, esa oferta, que supuestamente había sido establecida por el consorcio de Los Perrones, fue el motivo de que un hombre desconocido atentara contra su vida el 15 de marzo de 2009, mientras entraba a su casa en Santiago de María, el día en que el presidente Mauricio Funes ganó las elecciones.
Mientras Funes celebraba el triunfo en San Salvador, esa misma noche, una ambulancia llevaba a “el Porras” al Hospital San Juan de Dios de San Miguel. Ese atentado no fue investigado por las autoridades.
Presumía de tener “amistades” en la DAN
Argueta Contreras a menudo hablaba con orgullo de sus contactos con la Policía en Santiago de María, según las investigaciones. En más de una ocasión nombró a varios oficiales policiales, incluidos de la División Antinarcóticos (DAN) de la PNC. Según fuentes fiscales y policiales, esos nombres también están siendo investigados para determinar si hubo alguna participación en su asesinato.
“El Porras” se recuperó de la herida que un desconocido le provocó con un arma de fuego. Le disparó a sus espaldas. La bala le atravesó el tórax la noche del 15 de marzo de 2009 en el barrio Concepción de Santiago de María. Tres días después, la PNC montó operativos de allanamiento en propiedades de Argueta Contreras en ese municipio. Los resultados de la operación: dos kilos de cocaína encontrados en una vivienda cercana a la casa de “el Porras”, pero que también era de su propiedad, según las autoridades. El precio de los dos kilos de cocaína: $50,000.
Ese hallazgo valió para que a “el Porras” lo acusara la FGR por el delito de tráfico de drogas, y se le sumó también el delito de tráfico ilegal de personas. A pesar de las acusaciones, el supuesto narcotraficante (ya que nunca fue hallado culpable como tal) fue puesto en libertad por los juzgados de San Miguel. Fuentes revelan que Argueta Contreras accedió a convertirse en informante de las autoridades para desbaratar otras organizaciones vinculadas al narcotráfico que tenían mucha fuerza e influencias en el oriente.
Fue así como de ser acusado, “el Porras” pasó a ser, según fuentes cercanas al caso, tanto en la investigación en su contra por narcotráfico y coyotaje así como en la investigación acerca de su muerte, informante de las autoridades contra el narcotráfico.
Pero, independiente de la calidad de informante que tuvo este supuesto narcotraficante, los posibles móviles de su homicidio son que, como colaborador, habría brindado información en investigaciones contra miembros de Los Perrones. Eso habría valido a Argueta Contreras para que, otra vez, fuera blanco de viejos enemigos.
El otro móvil posible es que fueron los nombres de policías involucrados con él en actividades de narcotráfico, que comentaba con orgullo a quienes quería presumir, los que terminaron con su vida. En informes a los que tuvo acceso este periódico se refleja que existe la fuerte sospecha de que pudo haber una fuga de información y que los oficiales nombrados por el supuesto narcotraficante decidieron eliminarlo.
En la publicación de LA PRENSA GRÁFICA del 30 de agosto de 2009, dos días después del asesinato de “el Porras”, se leía en uno de los titulares noticiosos que, en efecto, “Sospechan que hubo fuga de información” en el caso del homicidio.
Cualquiera que fuera la causa, a Argueta Contreras lo asesinaron en el local de Caprichos con barbarie. Lo torturaron antes de matarlo, dice la Fiscalía. Para ello usaron un cuchillo tipo yatagán, con el que le produjeron heridas mortales en su rostro y en su cuello. Las autoridades en ese momento incluso hablaron de una posible venganza por drogas.
El viernes 28 de agosto de 2009
A las 10 de la mañana del viernes 28 de agosto de 2009, Argueta Contreras salió de su casa en San Salvador, en los alrededores de la colonia Escalón. Se dirigió a un restaurante de sopas en la colonia Zacamil, a unos metros de la delegación de la Policía de Mejicanos.
Se reunió con cuatro personas: Óscar Antonio Ayala Franco, Josué René Arévalo y otros dos hombres que en la actualidad tienen régimen de protección a víctimas y testigos. Luego de permanecer en ese restaurante, todos se dirigieron en el vehículo de Argueta Contreras, una camioneta de lujo color azul, hacia otro negocio en las cercanías del desvío hacia Nejapa. “Allí son contactados por dos personas, que aún no han sido individualizadas, y estos departen con Edwin (‘el Porras’), incluso Edwin los invita a algunas bebidas (cervezas)”, detalló el fiscal a cargo del caso.
Esa misma tarde, bajo un grado de ebriedad que nunca se constató, esos dos desconocidos (oficiales de la PNC según la investigación), quienes llegaron en un carro sedán blanco cuatro puertas, invitaron a Argueta Contreras y a sus acompañantes a Caprichos, ubicado en la 1.ª calle poniente de San Salvador. Cuando llegaron al lugar, los dos oficiales se bajaron del vehículo blanco e invitaron a “el Porras” y sus amigos a pasar sin pagar la entrada de la barra show.
Treinta minutos después de que entraron y los atendieron las pocas bailarinas que había en el lugar (aún no era la hora de apertura oficial, eran alrededor de las 6:30 de la tarde), fueron revisados por varios empleados para procurar que no llevaran armas consigo. “El Porras” se quitó un chaleco antibalas.
Un momento después, un escuadrón armado (sospechan que fue de unas ocho personas) irrumpió en el lugar y privó de libertad a Argueta Contreras y sus acompañantes. Les ordenaron tirarse al suelo. Los amarraron con lazos y cables, los vendaron y los amordazaron. A Argueta Contreras lo golpearon en el rostro con objetos contundentes. Luego, dos personas no identificadas usaron cuchillos, uno de ellos yatagán, y empezaron a torturar a “el Porras” hasta matarlo, y lo sacaron de allí. “En su mismo vehículo, lo llegaron a lanzar cerca de las góndolas del teleférico (de San Jacinto). Allí fue encontrado su cadáver”, indicó la Fiscalía.
Uno de los acompañantes logró escapar del cautiverio y alertó a la Policía. Los otros tres fueron llevados al cantón Suchinango de Nejapa. En un predio baldío los armados asesinaron a Óscar Antonio Ayala Franco y a Josué René Arévalo. Ambos estaban atados de manos y pies. Al otro acompañante, según la versión fiscal, lo intentaron asfixiar con lazos en otro predio sobre la carretera de Oro. Lo creyeron muerto y lo abandonaron en unos matorrales.
“Estamos ante un grupo organizado, que tiene bastante experiencia en el manejo de personas en el momento de asesinar. Lo demuestran las ataduras, las maniobras, cómo desplazan a las víctimas, cómo son transportadas a los lugares de asesinato, los interrogatorios que les realizaron. Es gente que tiene experiencia en armas, en manejos de seguridad”, dijo el jefe fiscal antihomicidios. Para Torres, las dos personas del vehículo blanco que pasaron la tarde con la víctima y la llevaron al lugar de su muerte son claves en este caso. Estos dos individuos, según las fuentes, informes y bitácoras, son dos oficiales de la PNC.
El vehículo de “el Porras” fue hallado a las 2 de la tarde del 29 de agosto de 2009, frente a una iglesia bautista en Mejicanos. Tenía rastros de sangre.

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TIGRETON7

@uhprensagráfica