Categoría: Política
En las cárceles no hay que tener acuerdos”
El especialista brasileño cree que debe cambiarse el modo que se interviene en las comunidades conflictivas. Además, se refiere a la tregua entre pandillas y critica los beneficios carcelarios.
E ste comandante de la armada brasileña tiene bajo su mando el programa de las Unidades Policiales Pacificadoras (UPP) en Río de Janeiro, Brasil. Su función es entrar en las comunidades conflictivas, conocidas como favelas, y mantener la paz en esas zonas. La apuesta de su receta parece ser simple: reconocer que la delincuencia es una guerra para combatirla con paz. Seabra Martins habla de cambiar la mentalidad de los policías para que se preocupen por la gente y no por los delincuentes.
¿Qué condiciones debe haber para poder implementar una policía pacificadora?
El proceso de pacificación que llevamos a cabo en Río (de Janeiro) es más que todo un reconocimiento que hay una guerra, pero lo que importa es la protección de la gente, y que esa guerra tenemos que arreglarla con un proceso de paz. Es una comprensión interesante.
¿Cuál es ese punto de partida para organizar una intervención con este tipo de estrategia?
Para iniciar con un proceso de paz hay que tener bien claro que existe un territorio. No hay ninguna posibilidad de que haya crimen sin que haya territorio. Ellos (delincuentes) necesitan actuar en ciertas comunidades y necesitan del territorio y de la gente que vive ahí, pero debemos entender que la gente que vive en ese territorio debe ser protegida. Si la policía se preocupa solo por los bandidos, el foco está errado. Nuestro trabajo es para la gente común y corriente.
¿Hablamos de un cambio de mentalidad?
Exacto. Es un rescate a la función originaria de la Policía: proteger a la gente. Lo que pasa es que los Estados con manos duras que tuvimos hicieron a la Policía para combatir el crimen con dureza. No, hay que proteger a la gente, porque ellos le van a indicar dónde están los criminales, porque a la gente no le gusta la idea de tener a su hijo mezclado con bandidos, tener su hija y su casa violadas por ellos. A nadie le gusta eso.
¿Cómo se logra ese cambio en las policías?
La idea es que sean policías nuevos. Salen de la academia de derecho a las Unidades de Policías Pacificadoras (UPP). No tienen la convivencia, los vicios, la cultura de la policía violenta del pasado. Tuvimos un planeamiento en Río de Janeiro hace como tres años para ingresar a un número de policías que van a ser desplazados a este tipo de trabajo. Deben de estar convencidos de que el camino es la paz.
¿Cómo se interviene una comunidad conflictiva con este modelo de pacificación? ¿Se llega a hablar de paz o se entra primero con una policía de choque?
Primero nos vamos duro, nos vamos con la represión calificada, con las fuerzas especiales. Se hace un gran esfuerzo, se cercan las carreteras y se va para ahí. No nos importa que los bandidos se vayan, trabajamos para la gente, no para los delincuentes. Después de eso hacemos un acercamiento con los líderes de las comunidades para escuchar sus necesidades, se promueve un diálogo y trabajamos con las UPP.
Acá las autoridades dicen que casi el 80% de las familias que viven en una comunidad conflictiva se sostiene de la extorsión. ¿Cómo se rompe eso?
Primero identificar. Va a haber algunas sorpresas, no son tantos como se cree. Pero hay que tener un plan hacia el futuro. Primero se entra con la fuerza y luego se procede al proceso de pacificación, pero con un plan concreto, las familias no quieren vivir como lo han hecho hasta hoy.
Los homicidios en el país han disminuido de forma inédita. La principal estrategia para lograrlo fue una tregua entre las dos principales pandillas, donde acordaron no agredirse entre sí. ¿Cómo ve esta realidad?
Me parece que la Iglesia logró el acuerdo porque tiene credibilidad, tiene confianza en las personas. Ellos tienen legitimidad para hacer este tipo de acuerdos. El llamado es para que la Policía pueda crear su propia legitimidad, debe ganarse la confianza de la gente. Como policía me encanta la idea de que se disminuya la violencia. Vale la pena, pero el costo se debe ventilar con la sociedad.
Entiendo que me diga que vale la pena, todos ganamos con que la violencia disminuya, pero tras ese acuerdo los pandilleros están recibiendo beneficios en la cárcel. ¿Eso es válido?
Está claro que en las prisiones no hay que tener acuerdos porque una detención es una pena que tiene que ser cumplida. Los bandidos hacen sus cálculos. Delinquir es un negocio. En la cárcel no hay que ser flojo, hay que ser duro. Nosotros tuvimos un problema en Sao Paulo donde se le fue permitiendo beneficios en las cárceles, se ubicó a los miembros de una misma estructura en una sola prisión y dentro de un poco tiempo hubo más matanza en las calles.
Acá hay cárceles exclusivas para cada pandilla.
Eso no puede ser, por eso se creen fuertes los pandilleros. Todos son amigos, no tienen enemigos ni que disputar espacios, tienen su territorio y comunicación. Además, tienen comida y protección de sus amigos, visita de la mujer. Eso es contrario: hay que buscar endurecer las cárceles. Las cárceles son una pena, es un proceso educacional para la gente de bien y para los malos. Lo de la visita íntima es algo muy sensible. No es una cuestión de derechos humanos, no. Él (criminal) comprometió sus propios derechos, no se puede ser flojo con la cuestión de la cárcel, hay que ser duro. Cárcel es una cárcel, no es un cine, ni un centro comercial. El acuerdo es un camino, pero con límites.


@uhprensagráfica